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Foto de la semana: La leyenda de las cataratas del Iguazú

Cataratas del Iguazú

Las magníficas cataratas del Iguazú, localizadas donde se unen las fronteras entre Paraguay, Brasil y Argentina, son las segundas cataratas más grandes del mundo. Este sitio Patrimonio Natural de la Humanidad de la UNESCO es una colección de 275 cataratas que se extienden por casi 3 km en total, alcanzando alturas entre los 60 a 82 metros. Las cataratas del Iguazú fueron descubiertas en 1542 por el comandante español Álvar Núñez Cabeza de Vaca. Estas maravillas naturales fueron creadas por una falla geológica hace más de 200.000 años, pero algunos mitos antiguos tienen otra explicación para su origen:

Se dice que hace muchos años, había un dios en forma de una serpiente grande y monstruosa que habitaba en el río Iguazú, su nombre era Boi. Una vez al año, los indígenas Guaraní que vivían en la zona debían sacrificar a una joven bella para ofrecerla a Boi, tirándola al río. Todas las tribus, incluyendo las que vivían muy lejos, estaban invitadas a esta ceremonia.

Un año, un joven guerrero llamado Tarobá se enteró que la bella Naipí fue electa para el sacrificio. Él se rebeló contra los miembros mayores de la tribu, tratando sin frutos de convencerlos para que no la sacrificaran.

Para salvar a su amada Naipí, Tarobá decidió escapar juntos una noche antes de la ceremonia. Se robaron una canoa y navegaron en el río. Pero Boi supo lo que estaban hacienda y se enfureció terriblemente. Arrastró su enorme cuerpo de serpiente en el suelo, lo que partió en río en dos y formó las cataratas, sumergiendo así a Naipí  y Tarobá en su canoa.

Tarobá se convirtió en los árboles que están a la orilla de las cataratas, mientras que la bella Naipí fue convertida en una roca. Su castigo es verse frente a frente durante la eternidad, sin poder estar juntos nunca jamás.

Boi se ocultó en una cueva, donde observa a Naipí y Tarobá separados para siempre. Sin embargo, en días soleados, un arcoíris supera los poderes de Boi y une los árboles con la roca, simbolizando el amor eterno entre Naipí y Tarobá.

Foto cortesía de Yacutinga Lodge.

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5 lugares maravillosos para avistar ballenas en América Latina

¿Sabía que en América Latina se pueden encontrar unas 64 especies de ballenas, delfines y marsopas, lo que representan el 75% de las 86 especies conocidas de cetáceos en el mundo? Por esta razón, la región se ha convertido uno de los destinos favoritos para los turistas que quieren ver estas impresionantes criaturas.

Se calcula que el turismo de avistamiento de cetáceos genera ingresos por unos $300 millones de dólares anuales y beneficia a unas 91 comunidades en 18 países latinoamericanos. Esta actividad representa una alternativa económica más rentable y amigable con el ambiente para comunidades costeras que antes dependían de la pesca y hasta de la explotación irresponsable de los recursos marinos.

La oferta de empresas que ofrecen excursiones sostenibles de avistamiento de cetáceos también ha crecido de forma significativa en los últimos años y pueden encontrarse en casi cualquier destino costero en la región. Estas empresas respetan las legislaciones ambientales, cuentan con certificaciones y verificaciones de sostenibilidad y, en algunos casos, hasta tienen certificados especiales de turismo marino responsable. En ViajeSostenible.org puede encontrar un listado con algunas opciones.

Hoy queremos invitarlo a conocer cinco de los mejores destinos en América Latina para observar ballenas y otros cetáceos:

1. Baja California, México

Foto de la Casa Mexicana de la Ballena Gris, México

Las aguas de Baja California y el del Mar de Cortéz son el mejor sitio para avistar a las famosas ballenas grises (Eschrichtius robustus). En la península hay lagunas de agua salada rodeadas por el desierto que es donde las ballenas grises arriban para aparearse y parir a sus crías a plena vista de los espectadores. La mejor temporada para avistar ballenas en Baja California es de enero a abril pero durante el resto del año también se pueden ver ballenas azules y cachalotes.

2.    Bahía Ballena, Costa Rica

Foto de Bahia Aventuras, Costa Rica

En el Pacífico sur del país se ubica este importante hábitat para las ballenas jorobadas (Megaptera novaeangliae). Estas criaturas migran dos veces al año (desde finales de diciembre hasta finales de abril y de julio a septiembre) a las cálidas aguas de la bahía para aparearse y parir.  Para proteger este valioso sitio, el gobierno de Costa Rica creó el Parque Marino Ballena, el cual es un santuario para estas y otras especies marinas como los delfines comunes y nariz de botella, manta rayas y el tiburón martillo.

3.    Praia do Rosa, Brasil

Foto de Turismo Praia do Rosa, Brasil

Brasil es el destino turístico líder en Suramérica para el avistamiento de mamíferos marinos, recibiendo unos 167.107 observadores cada año. También cuenta con un record de 11.500 de avistamientos de ballenas registrados en el 2011. Praia do Rosa, una hermosa playa en el Atlántico sur del país, recibe cada año, durante los meses de junio a noviembre, a las ballenas francas australes (Eubalaena australis). Estos animales deleitan a los turistas con saltos impresionantes que dejan ver hasta el 75% de su cuerpo.

4.    Chiloé-Corcovado, Chile

Foto de Whitley Fund for Nature

El área que comprende la Isla Chiloé y el golfo de Corcovado, al sur de Chile, es el lugar de mayor concentración de las ballenas azules (Balaenoptera musculus) en el hemisferio sur. Este es uno de los hábitats costeros más ricos de Suramérica, una de las razones por las que estas gigantescas ballenas llegan a satisfacer sus formidables requerimientos dietéticos de entre dos y ocho toneladas diarias de krill. La ballena azul se hospede en Chile en los meses entre diciembre y abril.

5.    Península Valdés, Argentina

Foto de Mis Wallpapers

Este sitio se considera la meca para los observadores de cetáceos, ya que es donde se concentra la mayor población reproductora de las ballenas francas australes, se calcula que cada año llegan cerca de 4.000 individuos. En la península también abundan otras especies marinas como las orcas, los lobos y elefantes marinos y lo pingüinos. Gracias a su riqueza natural está nombrada como Sitio Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.  La temporada pico de avistamiento es entre julio y diciembre.

* Vea más información en el informe “Estado del Avistamiento de Cetáceos en América Latina” por Erich Hoyt y Miguel Iñíguez.

Las alfombras “santas” de Antigua

Los católicos alrededor del mundo están preparándose para celebrar, en pocos días, la Semana Santa. Este periodo implica oración, ayunos, devoción y, en muchos países, y la realización de las tradicionales procesiones. Para los viajeros, este es un gran momento del año visitar Latinoamérica y vivir una auténtica experiencia de turismo cultural.

Una procesión es un desfile religioso organizado de personas que realizan un recorrido, usualmente, como una ofrenda a Dios, a la Virgen o a los santos. Las procesiones están inspiradas en pasajes bíblicos, por lo que los participantes van vestidos con trajes de la época romana y cargan imágenes, por ejemplo, de Jesús y la Virgen. Durante el recorrido se puede ir en silencio, cantando himnos o entonando oraciones. IMG_7783

Las procesiones pueden iniciar en la cuaresma y celebrarse cada domingo antes de la Semana Santa. Pero es a partir del Domingo de Ramos que inician los recorridos incluso diarios. Las procesiones más grandes y elaboradas se ven desde el Jueves Santo y hasta el Domingo de Resurrección.

España, Argentina, Perú y Guatemala son mundialmente reconocidos por sus vistosas y estremecedoras procesiones. Sin embargo, se dice que las procesiones de Guatemala son las mejores de América, principalmente las que se realizan en la ciudad colonial de Antigua.

Durante la Semana Santa, las estrechas y empedradas calles de Antigua se colman de turistas nacionales y extranjeros que viajan solo para apreciar estos actos devocionales. Pero hay otro elemento que las hace únicas en el mundo: las hermosas alfombras de aserrín que los católicos guatemaltecos elaboran detalladamente para decorar la ruta donde pasarán las procesiones.

Las alfombras despliegan impresionantes diseños mayas, romanos y otros inspirados en la naturaleza, los cuales se hacen a partir aserrín de colores, flores, frutas, vegetales, pino y otros materiales. Familias, vecindarios y hermandades enteras se organizan para decorar las calles afuera de sus casas e iglesias, reuniendo su talento, esfuerzo y hasta el dinero para comprar los materiales y moldes necesarios para crear las alfombras. IMG_7623

Dependiendo de su longitud y dificultad, la elaboración de una alfombra llega a tomar unas pocas horas o, bien, noches y días completos. Algunas alfombras en Antigua llegan a medir casi un kilómetro de largo.

Ver a la Antigua convertida en un taller de artistas es un festín visual para los visitantes, quienes se pasean por sus calles capturando las imágenes del proceso creativo y de las obras finales. La vida de una alfombra es corta, lo que las hace aún más especiales.

El inicio de la procesión marca el momento de mayor esplendor de las alfombras, pero también su fin. Las calles repletas de gente se llenan de incienso blanco, detrás del cual viene el grupo de gente con sus vestimentas especiales y oraciones o canticos, mientras que los más fuertes van cargando andas pesadísimas sobre las que se llevan las preciadas imágenes. Todos marchan pausadamente sobre las hermosas alfombras que esperaban pacientes este momento. En pocos minutos, detrás de la procesión solo quedan los restos de los coloridos tapices y, casi de inmediato, un equipo de limpieza barre los residuos para dejar las calles limpias otra vez.

En unas horas y en otra calle de Antigua el proceso se repite otra vez hasta que llega el fin de la Semana Santa.

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